Érika Antonella Álvarez tenía 25 años y una familia numerosa que la cuidaba lo más que podía. Los investigadores la califican como la “víctima perfecta”. Desde que se abrió el expediente utilizaron esa expresión para destacar su triple vulnerabilidad. Por ser mujer, tener problemas de adicción y no contar con ingresos fijos, la joven sufrió hasta que fue brutalmente asesinada a golpes hace cuatro meses en una casa de Yerba Buena.

De la infancia de Érika se sabe poco. Sí se conocen algunos datos de su adolescencia. Fue justamente un novio quien la llevó al oscuro mundo de la droga, en el que finalmente terminó encontrando la muerte. Su pareja estable era Carlos “El Paraguayo” Ferreira, un hombre vinculado al tráfico internacional de estupefacientes que eligió Tucumán para refugiarse de las autoridades. Varios testimonios en la causa dan cuenta de que sería el responsable de vuelos narcos en la provincia.

Su último trabajo estable fue como moza en el bar que tenía su hermano en la zona de la city bancaria. Según allegados, en ese lugar “El Paraguayo” le presentó a Felipe “El Militar” Sosa, el hombre acusado de haberla asesinado a golpes por razones que aún no pudieron ser esclarecidas.

Consumo

Álvarez no era una dama de compañía, como se informó en un primer momento. Ella concurría a encuentros de sexo grupal para poder consumir drogas. Su relación con “El Paraguayo”, según confiaron sus parientes, no avanzó porque a él no le gustaba que consumiera. “Siempre trató de ayudarla para que dejara las drogas. Incluso le había prometido pagarle la colocación de implantes mamarios si dejaba de consumir cocaína”, indicó Milena Álvarez, hermana de la víctima.

Érika, según surgió en la investigación, habría actuado como comisionista para un desconocido que realizaba operaciones con criptomonedas. Podría haber viajado a Buenos Aires para realizar este tipo de transacciones a nombre de terceros. Los investigadores sospechan que podría haberse tratado de maniobras para lavar activos provenientes de alguna actividad ilícita, como fondos obtenidos por el tráfico de drogas o de personas que se dedicaban a la usura.

Milena Álvarez, cuando declaró ante la Justicia, también informó que ella era una especie de asesora del “Paraguayo”. “Ella lo aconsejaba y siempre le decía cuáles eran las personas con las que no debía hacer un trato. Parece que se encargaba de hacer averiguaciones para saber quiénes eran esas personas”, comentó.

La misteriosa figura del novio narco de Érika

La víctima tenía una costumbre: documentar todo lo que hacía en su vida. Guardaba mensajes, tomaba fotos y filmaba videos para mostrárselos a sus familiares. Pero su teléfono móvil nunca apareció. A través de una técnica moderna, los peritos intentaron recuperar esa información. Sin embargo, fracasaron en su intento y varios detalles del crimen no pudieron ser esclarecidos hasta el momento.